La tormenta perfecta que originó el sida
La
pandemia surgió en Kinshasa alrededor de 1920
El
crecimiento urbano, el 'boom' de los ferrocarriles y el comercio sexual se
confabularon para propagar por África y el mundo el VIH
JAVIER SAMPEDRO 02/10/2014, DIARIO EL PAÍS
La reciente epidemia de ébola ha vuelto a traer a primer plano a los
virus emergentes, agentes secretos llegados de otras especies para hacer una
escabechina en la nuestra, aprovechándose de la virginidad del sistema inmune
humano contra ellas. El sida,
que ya ha infectado a 75 millones de personas, también fue un virus emergente
procedente de los chimpancés en los años 20, lo que revela la importancia
capital de comprender esos saltos entre especies y los factores que subyacen a
su contagio entre los seres humanos. Y eso es exactamente lo que acaba de hacer
un equipo dirigido por virólogos de Oxford y Lovania que incluye a científicos
españoles.
El detalle histórico que alcanzan las
nuevas técnicas matemáticas para reconstruir el pasado a partir de secuencias de ADN es asombroso. Los
investigadores han logrado determinar que la pandemia surgió en Kinshasa, la
capital de la República Democrática del Congo, alrededor de 1920, y que su
propagación fue el producto de una “tormenta perfecta”, en su propia expresión.
El crecimiento de Kinshasa y las demás ciudades congoleñas en esa época, la
gran extensión de la red de ferrocarriles bajo la dominación colonial belga, el
tráfico de trabajadoras sexuales y –ya en los años 60— la independencia del
país se confabularon para propagar primero por África y después por todo el
mundo una de las peores pandemias de la historia.
Los primeros casos de sida que registró
la medicina se dieron en Estados Unidos en 1981, y dos años después se
descubrió su agente causal, el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Pero
pronto resultó obvio que la enfermedad llevaba mucho tiempo en África, y no
exactamente en un estado latente, pues el virus estaba bien establecido en las
poblaciones heterosexuales de África central y oriental. Esa historia profunda
de la epidemia, simplemente, había permanecido oculta para la ciencia y
sepultada bajo estratos de miseria en la zona más olvidada del planeta.
El estudio, que se publica hoy en Science,
ha reconstruido la historia del HIV –en concreto de la cepa M, que es el
subtipo que se propagó por toda África y el resto del mundo— con las
sofisticadas técnicas matemáticas de la evolución molecular, basadas en la
comparación de secuencias de ADN (o ARN, la molécula hermana que utiliza este
virus para almacenar información genética). El principio es simple —los virus
con secuencias parecidas tienen un origen común reciente, y cuanto menos
parecidas más remoto es su parentesco—, pero han alcanzado en los últimos años
una gran complejidad matemática. Los métodos estadísticos de este trabajo han
sido desarrollados por los propios autores.
El salto del VIH de los primates a los
humanos no es un fenómeno tan raro: ha ocurrido al menos 13 veces, que sepan
los científicos. Solo uno de esos saltos, sin embargo, ha sido el responsable
de la pandemia global, y ese es el virus que el nuevo trabajo ha podido trazar
hasta Kinshasa alrededor de 1920. En las décadas siguientes a esa fecha ocurrió
la tormenta perfecta.
La dispersión original del VIH ocurrió
sobre todo desde Kinshasa hacia otros centros de población. Hacia 1937 se
produjeron los primeros contagios en la ciudad vecina de Brazzaville (o más
exactamente, los primeros en los que el virus responsable sobrevivió hasta que
alguien tomó una muestra en tiempos recientes: esta es la limitación de la
evolución molecular). También a finales de los años 30 había llegado a las
localidades sureñas de Lubumbashi y Mbuji-Mayi, lo que concuerda con los datos
históricos de transporte y con los movimientos de emigrantes desde Kinshasa
hacia las otras ciudades. La dispersión siguió a Bwamanda (1946) y Kisangani
(1953).
La principal ruta de transmisión fue el
ferrocarril, con solo el 5% de los movimientos a través de la red fluvial. Los
trenes del antiguo Congo Belga (después Zaire y aún después República
Democrática del Congo) movían 300.000 pasajeros al año en 1922, y cerca de un
millón en 1948. Las ciudades conectadas con Kinshasa por ferrocarril actuaron
después como focos secundarios, desde donde el virus se propagó a los países
vecinos.
“Consideramos probable que los cambios
sociales asociados a la independencia, en 1960, causaran que el virus se
escapara de los pequeños grupos de gente que había infectado típicamente hasta
entonces, y pasara a propagarse por la población general africana, y finalmente
por todo el planeta”, dice el primer autor del trabajo, Nuno Faria, del
departamento de Zoología de la Universidad de Oxford.
El salto del VIH
de los primates a los humanos no es un fenómeno tan raro: ha ocurrido al menos
13 veces
La contribución española ha venido del biólogo David
Posada, un especialista en recombinación genética de la Universidad de Vigo.
“Los datos se tomaron hace cinco años y han estado en un cajón hasta que los
investigadores de Oxford han tenido tiempo de organizarlos en este artículo”,
explica Posada. Su papel ha sido garantizar que la recombinación genética –un
proceso que baraja los genes del virus, similar al que ocurre en nuestras
gónadas cada generación— no ha sesgado los análisis estadísticos que trazan el
virus a Kinshasa en 1920. “Las conclusiones son robustas”, asegura el biólogo,
“aunque, desde luego, no extrapolables al ébola”.
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